“La vida no vale nada”, “…pero sigo siendo el rey”; son algunas de las frases que más de una vez todos hemos pensado o dicho, según nuestro estado de animo ya sea de profunda depresión o extrema euforia respectivamente. Pues bien estas y muchas otras frases tan atinadas y perfectamente entendibles con las que cualquiera se puede identificar; son las que inmortalizó en sus canciones José Alfredo Jiménez Sandoval, mejor conocido y vuelto leyenda como José Alfredo Jiménez, nacido un 19 de enero de 1926, en Dolores Hidalgo Guanajuato. “…mexicano por fortuna”.

Hombre polifacético que además de compositor en su juventud llego a considerar la posibilidad de dedicarse al fútbol pues tenia grandes dotes de deportista y que paradójicamente muriera de cirrosis debido a sus interminables borracheras, que si bien no era un adonis todo lo compensaba y se le perdonaba con su excesivo carisma, creatividad compositora y sentimiento arrolladores, que fue y sigue siendo el ejemplo perfecto del macho mexicano, el que podía acceder a cualquier mujer que quisiera y como no, o quien de nosotras se resistiría a un hombre que nos dedica una canción haciéndonos sentir la musa inspiradora, pero que por contraparte, sin prejuicio y tapujo alguno ,canta a los cuatro vientos (dicho literalmente) que es capaz de perderse y rebajar su orgullo, llorando cual magdalena por el desamor de una mujer, quizás sea esta la cualidad que más nos guste a las mujeres pues a cual de nosotras no nos gustaría tener a un hombre perdido de amor por nuestros huesitos.

Pero además de gustarnos a las mujeres es también por excelencia el más escuchado por los hombres y al que más recurren en sus horas de embriagues (ya sea de amor o de vino), el caso es que José Alfredo no solo aceptaba ser perdedor en los amores, sino que se solazaba y revolcaba en su dolor y cualquier hombre al igual que él, al amparo de sus canciones puede llorar y disfrutar de sus dolencias y lo mejor de todo es que a nosotras nos parecen encantadores, varoniles y los queremos más que nunca.

Creo que fue un hombre que supo expresar al máximo su lado de macho mexicano y ese lado tierno y cursi, que tanto nos gusta a las mujeres descubrir en nuestros hombres. El caso es que ambas facetas las vivió tan armoniosamente que no vemos en su existir contradicción alguna, sin temor a equivocarme puedo decir que “murió como vivió” y esa sola situación le valió bien merecidamente haberse convertido en un icono de la cultura y el folklore mexicanos. Es por todas estas razones que soy su fiel admiradora y cuando sea “grande” quiero ser como el: Borracha y chillona, pero eso sí disfrutar y perderme en mis amores y dolores “… con la rienda suelta”.

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